Empatía: un proyecto socio-educativo en cárceles adolescentes


¿Quienes somxs?

Empatía es un proyecto socio- educativo comprometido con el sistema carcelario, especialmente con jóvenes y adolescentes Empatía Proyecto nace a partir de la militancia social en respuesta a los últimos dos plebiscitos en Uruguay, “Si a la baja” – 2014- y “Si a la reforma” – 2019, que en materia de seguridad tuvieron una fuerte y determinante presencia punitivista. Nuestras acciones están desarrolladas con el fin de visualizar la problemática del sistema carcelario, a partir de un abordaje integral y participativo de las y los individuos, para la construcción de espacios de intercambio colectivo, manteniendo una perspectiva firme en la protección y garantía de los Derechos Humanos. En vista de los resultados obtenidos en ambos plebiscitos, queda claro que la inseguridad constituye una prioridad ciudadana, por lo que surge la necesidad de responder a las preguntas, ¿Cuál es el camino para sentirnos más seguros? ¿Cuál es la mejor alternativa? A partir de estas incógnitas queremos que se logre abordar en y con la sociedad la situación en las cárceles y centros de reclusión de mayores y adolescentes. Trabajar la problemática intercambiando ideas y reflexionando sobre prejuicios y preconceptos, entendiendo que el sistema carcelario es también parte de la sociedad, y no ajena a ella. Queremos repensar la cárcel desde una postura crítica y reflexiva, que logre entender, más allá de la responsabilidad estatal necesaria, cuál es nuestro rol como sociedad en esta realidad.

¿Por qué re-pensar el sistema carcelario?

Históricamente la cárcel es un sistema en crisis sanitaria dado por su alta tasa de hacinamiento, lo que genera ambientes donde lo que predomina es la violencia y tensión, provocando crímenes intracarcelarios y suicidios. El uso de sustancias tiene un rol fundamental y determinante en estos procesos, lo que se vuelve evidente en el último informe del Comisionado Parlamentario del año 2019: 8 de cada 10 personas privadas de libertad tienen uso problemático de las drogas. El ingreso al sistema carcelario significa muchas veces, por no decir siempre, una pérdida y un cambio brusco en la identidad de la persona. Existe un abismo entre el antes y el después. Atravesar el proceso de esta nueva vida es determinante para cualquier individuo que es sometido a estar fuera de su hábitat: la libertad. Entendemos que en las circunstancias actuales, es difícil considerar una posible reinserción social, cuando la privación de libertad ambulatoria no se reduce al encierro, que resulta ser el castigo, sino también cargar con un fuerte estigma, presente en discursos políticos y sociales, que comienza adentro y continúa al terminar la pena. Como es adentro es afuera: Hablar de seguridad es también hablar del sistema carcelario Cuando de abordar la inseguridad se trata, está claro cómo la postura de “vale todo” toma cada vez más fuerza y relevancia. Sobrepoblar la cárcel significa ver que las cosas se están haciendo bien. Al menos los ojos perciben eso. Dentro de las “soluciones” que se debaten en la sociedad, existe una postura consolidada y perpetuada en nuestras estructuras: la inseguridad es visual y el número de personas privadas de libertad se relaciona directamente con la percepción de mayor seguridad. Parece ser que cuanta más gente exista entre rejas, mayor es la garantía de seguridad ciudadana. Esto resulta peligroso si entendemos que el sistema carcelario no está preparado para perpetuar personas en una realidad hostil, en constante crisis sanitaria, y sometida a una violencia estructural. El número crece y seguirá creciendo, también debido a otra postura histórica que sigue resurgiendo a pesar de que la realidad demuestra su inutilidad; el aumento y el endurecimiento de penas. Consideramos importante analizar qué construcciones han sido legitimadas en relación a la privación de libertad. En EMPATIA pretendemos poner en cuestión, con la sociedad toda, cuál es el camino y cuál el precio que estamos dispuestos a pagar al perpetuar este sistema. Entendemos que “como es adentro es afuera”, porque no podemos ser indiferentes ante circunstancias que nos atraviesan a todxs. Es imprescindible reflexionar acerca cuál es nuestro rol como ciudadanos y ciudadanas, en un contexto que ha logrado construirse y legitimarse desde la lejanía. Pretender abordar la raíz y no caer puramente en enfoques superficiales, significa repensar nuestras estructuras sociales para notar cual es la relevancia que tiene el factor cultural, afianzado en nuestra región, para la construcción de un sistema carcelario en crisis constante.


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“Los discursos construyen y consolidan realidades, siempre tienen conscuencias. Por eso en EMPATIA entendemos que re-pensar la carcel es tarea de TODXS”.