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¿Por qué la generación más ‘progresista’ está retrocediendo en igualdad de género?



Existe una creencia extendida de que las nuevas generaciones son, por naturaleza, más abiertas, tolerantes y progresistas en temas de igualdad de género. Asumimos que han crecido con un mayor acceso a la información y que los avances sociales son un punto de partida consolidado para ellos. Sin embargo, contra todo pronóstico, docentes y datos recientes revelan una tendencia preocupante: en las aulas, lejos de avanzar, se está produciendo una creciente resistencia y un notable retroceso.

Este artículo explora las claves más sorprendentes detrás de este fenómeno, basándose en testimonios de educadores y estudios que pintan un panorama inesperado y complejo sobre las actitudes de los adolescentes de hoy.



La fatiga del feminismo: "Ya sabemos que hay que respetar a las mujeres"


La primera clave para entender este retroceso es una aparente contradicción. Los adolescentes, especialmente los varones, expresan estar "cansados" del tema de género. Frases como "ya sabemos que hay que respetar a las mujeres" o que "pueden votar" se repiten en las aulas como una forma de cerrar el debate antes de que comience.

La docente Analía Cola señala que detrás de esa fatiga superficial, la realidad es muy distinta. Cuando intenta profundizar, se encuentra con que los estudiantes "no tenían ni idea de lo que estabas hablando". Esta paradoja es peligrosa: una supuesta aceptación esconde una falta de comprensión profunda que crea un vacío de pensamiento crítico, el cual es llenado por las potentes narrativas que circulan en internet y que permiten que sigan ocurriendo violencias graves, como el acoso explícito a compañeras a través de redes sociales.

"Hay una visión de que la lucha por la igualdad fue algo del pasado y que ya se acabó, que ya está consumada."

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Más que anécdotas: Las cifras que confirman el retroceso


Esta tendencia no es una simple anécdota de docentes preocupados, sino un fenómeno respaldado por datos concretos. El informe Cambios en creencias y actitudes de los adolescentes con relación a la diversidad e igualdad de género, del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) de Uruguay, pone cifras a esta involución.

El hallazgo principal es alarmante: entre 2018 y 2022, se registró un descenso general en la aceptación de la igualdad de género entre los estudiantes. Esta tendencia se intensifica notablemente en los varones de 16 años o más. La gravedad del retroceso queda plasmada en la alerta de Pablo Caggiani, presidente de la ANEP:

“Cada vez más estudiantes creen que la mujer tiene que dedicarse a cuidar a los hijos en la casa”.

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El refugio digital: 'Influencers' que empaquetan el machismo como algo moderno


La tercera y quizás más crucial clave se encuentra en las pantallas de sus teléfonos. Las redes sociales se han convertido en el principal canal para la propagación de discursos conservadores y machistas, presentados de una forma que resulta irresistible para los adolescentes. Según la educadora Sofía Rodríguez, estos mensajes se empaquetan de forma "provocadora y desde el humor".

Conceptos como el de "mujeres y hombres de alto valor" se viralizan y son adoptados por los jóvenes. En este esquema, el hombre de "alto valor" es el proveedor con dinero, mientras que la mujer de "alto valor" es femenina, se queda en casa y ha tenido pocas parejas sexuales. Estos discursos, que parecen sacados de otra época, se presentan como algo transgresor. Un ejemplo claro es el de un influencer argentino que acumula millones de visualizaciones ridiculizando a feministas en videos, mezclando la misoginia con temas como las criptomonedas para darle un aire "moderno".

Para el docente Nicolás Sosa, las redes se han convertido en un "gran refugio" para los varones adolescentes que no tienen con quién hablar de estos temas, encontrando en estos influencers los únicos referentes masculinos a su alcance.

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La palabra prohibida: Cuando "género" genera silencio y burlas


Una de las consecuencias más directas de este fenómeno es que la palabra "género" ha pasado a generar una palpable "incomodidad" en clase, algo que no ocurría con la misma intensidad años atrás. El docente Nicolás Sosa identifica dos formas principales en que los varones manifiestan esta incomodidad:

Reacción activa: A través del rechazo frontal, las bromas, las burlas y el uso constante de contraejemplos para desviar el tema, como "yo conozco a una mujer violenta". Esta actitud defensiva busca proteger su masculinidad, que perciben como atacada.

Reacción pasiva: A través del silencio y el lenguaje corporal. Aunque no participan verbalmente, su incomodidad es evidente. Como explica Sosa, "no dicen nada, pero lo piensan".

Esta atmósfera de tensión impide un diálogo real y constructivo, levantando una barrera casi insuperable para la educación en igualdad dentro del aula.

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El silenciamiento: Cómo "feminista" se convirtió en un arma para callar a las chicas


Finalmente, la quinta clave es el efecto silenciador que este ambiente tiene sobre las adolescentes. La educadora Sofía Rodríguez contrasta la situación actual con la de 2018, cuando las chicas tenían una voz mucho más visible y una mayor implicancia en el movimiento feminista. Hoy, esas voces "van bajando un poco el volumen".

La razón es clara: el término "feminista" ha sido resignificado como un insulto o una etiqueta despectiva. Nicolás Sosa lo describe como "el pasaje del disciplinamiento entre la puta y la feminista", donde se utiliza la palabra para devolver a la mujer "al lugar que le toca". El miedo a ser etiquetadas y atacadas es real. La docente Analía Cola relata cómo sus alumnas solo se animaban a hablar de género cuando los varones no estaban presentes, por temor a que se "cobraran" en redes sociales con videos virales del tipo "Fulano destruye a feminista".

Este ambiente hostil provoca que las voces que defienden la igualdad pierdan fuerza y visibilidad, mientras que las que promueven el machismo ganan terreno y predominan.

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Conclusión: ¿Una generación perdida en la red?


El retroceso en la igualdad de género en las aulas no es un simple "cansancio" adolescente. Es un fenómeno complejo, alimentado por una cultura digital misógina que ofrece refugio, referentes y un falso sentido de transgresión a los varones jóvenes. Mientras ellos encuentran validación en el algoritmo, las voces de sus compañeras son silenciadas por miedo a la ridiculización.

Frente a este refugio digital que moldea a una generación, la pregunta es ineludible: ¿estamos equipando a los educadores y a la sociedad con las herramientas adecuadas para ofrecer una alternativa real y valiosa?

 
 
 

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